Correr en si es algo sencillo, ¿no? Es un ejercicio que, en un principio, nadie te enseña cómo hacer. Correr es, por tanto, un  movimiento nato. Piénsalo, cuando eras pequeñ@ si alguien te perseguía…corrías, si querías alcanzar algo antes que nadie…corrías, si te emocionabas por ninguna razón en particular…corrías (o tal vez solo yo).

Si correr es tan “fácil”, ¿por qué no todos corremos 21 kilómetros, o por qué no, 42? ¿Cuál es la diferencia, entonces, entre alguien que corre 42K y alguien que no? ¿Hay algún músculo en especial que hace LA diferencia? No, no son las piernas, ni tampoco los cotizados abdominales de acero. El músculo que distingue a las personas que logran correr un maratón de las que no, es poco convencional…  ¿ya sabes cuál es?

Voluntad, se llama voluntad. Seguro habrá algunos escépticos que digan “la voluntad no es un músculo”, PERO, no se preocupen, ya que para eso, servirá este artículo, para convencerlos a ellos, y a ti, que la voluntad no solo ES un músculo, en el sentido figurado, si no el más importante para poder correr (y para lograr cualquier meta).

¿A qué me refiero cuando digo que la voluntad es un músculo? Para responder esta pregunta primero voy a definir qué es un músculo y qué es la voluntad. Un músculo es un órgano que, mediante la contracción y la relajación, sirve para producir el movimiento y cuanto más lo usas, más fuerte se hace. Mientras que definir a la voluntad está difícil, porque muchos filósofos discrepan. Es la facultad de decidir y ordenar la propia conducta, es decir, la libertad para movernos hacia donde queramos.

Ok… me entendiste, la verdad es que en sentido estricto, la voluntad no es algo físico que podemos ver y tocar, además de que no se contrae y relaja y en ese aspecto, no es un músculo. Sin embargo, la voluntad puede ser considerada un músculo en el sentido en que se necesita ejercitarla para volverla más fuerte. Existe un proceso de estrés (contracción-relajación) cuando se utiliza, y es crucial para generar movimiento, ya que sin ella, no puedes llegar a tu meta final.

Te voy a dar un ejemplo, cuando estas entrenando para un maratón, la verdad es que no todo es “color de rosa”.  Hay días en los que te cuesta la vida despertarte, otros en los que la tentación para hacer el entrenamiento a medias es enorme y otros en los que te preguntas si estas loc@ (especialmente cuando te tocan 30 kilómetros). Justo aquí es en donde entra la voluntad, ya que ella es la única que te ayuda a salir de estos “momentos de debilidad” y continuar hacia tu objetivo: correr un maratón.

La voluntad, cuando está fuerte, te ayuda a sobrepasar los pensamientos de duda.  Sin embargo, hay que ejercitarla ya que la tentación para no hacer las cosas es grande. La única forma de fortalecer a la voluntad es haciendo lo que sabes que tienes que hacer, a pesar de los pensamientos contrarios. Por lo tanto, la próxima vez que tu mente diga “qué flojera levantarme temprano para ir a correr”,  tu (es decir, tu voluntad) debes de responder “que flojera ser tu” y levantarte a demostrarle quién manda.

Cuando apenas estas aprendiendo a usarla, la verdad es que cuesta mucho trabajo. Surge una lucha entre tu y tu voluntad, a la cual me referí anteriormente como el proceso de estrés (contracción-relajación). Lo que quiero decir, es que, más de una vez, tu vas a jalar hacia un lado y tu voluntad hacia otro creando tensión, como cuando te faltan cinco minutos para acabar tu fartlek y tu mente dice: “solo son cinco minutos, puedes parar ya.” En este caso, para que tu voluntad trabaje, tienes que sobrepasar este sentimiento y terminar los 40 minutos presupuestados para ese día. Probablemente, te duela, te frustre y te canses más, pero tu voluntad saldrá fortalecida y la próxima vez que te falten cinco minutos, los acabarás más fácilmente. Lo importante entonces es trabajar en equipo con tu voluntad, para que ambas jalen hacia el mismo lado.

Estoy convencida que sin voluntad no se puede llegar a ninguna parte. Creo que la voluntad hace la diferencia entre alguien que termina un maratón y el que no, porque la voluntad es la única que te empuja a dar ese ultimo empujón necesario para llegar a la meta.

No se si has escuchado de la famosa “pared” que surge cuando corres un maratón, alguna gente dice que nunca la ha experimentado, pero yo si la sentí en el kilómetro 35 de mi primer maratón. Sientes que no vas a llegar, te arden las piernas y no entiendes cómo, ni por qué siguen corriendo (o arrastrándose).  Es en ese preciso momento cuando te das cuenta que tienes dos opciones: ponerte los pantalones, tomarte de la mano de tu voluntad y seguir hasta llegar a la meta o desistir. Una vez más estas tu frente a tu voluntad, una vez más la pregunta es si decidirás trabajar con ella o contra ella. Te invito, por tanto, a trabajar con ella ya que no hay meta que sepa tan bien como la que alcanzas porque tu lo decidiste.

(Nº Visitas: 291)

Comentarios